Maquis

10,22

Alfons Cervera
9788489354449 – Montesinos – 2003 – 170 páginas /orri.

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Descripción

Amparados por la noche, los bosques, las montañas, resisten los huidos, los del monte, los guerrilleros, los maquis. Esperan vencer en esa guerra desigual, o desean escapar a Francia. Entre tanto saben del castigo que los falangistas, la guardia civil y demás descargan sobre sus familiares, sus amigos, porque ellos han escapado a la barbarie, no han dejado que los muelan a palos y los acribillen contra una pared.

Los guerrilleros antifascistas mantuvieron una red muy tupida de colaboradores entre la población que con todo tipo de dificultades y con esperanza les servía como “enlaces” o colaboradores.

«- Es que es usted un blando, mi cabo, y a esa gentuza no se le puede andar con remilgos, o les pegamos a muerte o se nos van a comer de los nervios, mi cabo
– Ni blando ni hostias, que aquí lo que hay es que todo el pueblo anda liado con los del monte y eso se ha de acabar.

– Ayer mismo se lo decía el cabo a don Cosme, que mucho ir a la iglesia las mujeres y las mujeres, cuando salen de la iglesia se van al Cerro de los Curas a subirles comida y aliento a los huidos».

Éste diálogo pertenece a Maquis, novela de Alfons Cervera sobre la guerrilla. La acción transcurre entre los montes del País Valenciano, Gestalgar y Cuenca, donde nos acercamos a Santa Cruz de Moya, hoy lugar de encuentro anual de aquellos guerrilleros antifascistas.

Maquis recupera la vida de los republicanos después de la guerra en los pueblos y en los montes, y cómo su dignidad les hacía resistir. Alfons Cervera en su novela polifónica muestra la dureza de aquellos momentos, el hambre, la injusticia la persecución religiosa que iba desde la denuncia a trabajar la tierra en domingo a la persecución por la forma de vestir, por ejemplo algo tan simple como no llevar la camisa abrochada del todo, y, cómo no, la persecución política por pensar de distinta manera, o ser familia o amigo de ese del que se dice o se sospecha, cualquier cosa conllevaba torturas, violaciones, fusilamientos, así como el robo de las escasas propiedades, ganado, tierra, casa, herramientas,…

Comienza un personaje diciendo que está en 1982, “…después de tanto tiempo es como si aun fuéramos los mismos de entonces, como si fuera imposible olvidar que tenemos la espalda doblada a golpe de palos a golpe de silencio”, y es que el silencio ha pretendido que no sepamos, que favorezcamos los planes de los asesinos, de sus crímenes de lexa humanidad; y el transcurrir de la narración nos va a ofrecer el lenguaje popular, y los puntos de vista que completan el mundo que hubieron de soportar las gentes del pueblo que luchaban contra el destino infame que otros les habían marcado.

En la forma empleada por Alfons Cervera encontramos que se eliminan signos de puntuación y otros, en busca de proximidad con las formas habladas y por tanto pidiendo al lector que tome parte del modo más natural, que esos entrecortados sirvan para ver por ellos la vida entrecortada, la normalidad rota.
«Alfons Cervera (Gestalgar 1947) es uno de esos grandes narradores de la España actual que viven difuminados lejos de la algazara televisiva y del circo de las tertulias radiofónicas -tan propensas ellas a consagrar a personajes de un día-, pues el interés primordial de este valenciano consiste en ofrecer gota a gota al público lector una obra sólida, comprometida, coherente y destinada a permanecer en el tiempo, y él tiene muy claro que en la vida es preciso elegir: o se es figura mediática de realidad virtual o se es artista. Alfons Cervera es un artista.

Su obra, que ya empieza a ser abultada, ha ido discurriendo por la narrativa y por la poesía, y en ambas ha utilizado las dos lenguas de la tierra: el castellano y el catalán; pero sólo quiero hoy referirme desde aquí al último empeño que lo ocupa, una trilogía de novelas sobre la memoria basada en Los Serranos, su comarca natal. La inició hace dos años con El color del crepúsculo y la concluirá en algún momento con La noche inmóvil. Entre las dos, haciendo de puente, he aquí esta maravillosa Maquis que acaba de salir»

Manuel Talens, 6/05/1997, El País

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