{"id":10242,"date":"2021-11-20T17:32:33","date_gmt":"2021-11-20T16:32:33","guid":{"rendered":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/?post_type=product&#038;p=10242"},"modified":"2023-04-11T19:21:27","modified_gmt":"2023-04-11T18:21:27","slug":"la-sociedad-opulenta-primitiva","status":"publish","type":"product","link":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/","title":{"rendered":"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA"},"content":{"rendered":"<p><span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span> <\/span><\/p>\n<p><span> <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<div style=\"text-align: center;\"><strong>La sociedad opulenta primitiva<\/strong>.<\/div>\n<p> Si la econom&iacute;a es la ciencia de las &eacute;pocas sombr&iacute;as, el estudio de las  econom&iacute;as de la caza y la recolecci&oacute;n debe ser su rama m&aacute;s importante.  Nuestros manuales de econom&iacute;a, casi en su totalidad partidarios  declarados de la idea de que la vida fue dura y dif&iacute;cil durante el  paleol&iacute;tico, coinciden en transmitir una sensaci&oacute;n de fatalismo, dejando  a la imaginaci&oacute;n del lector que adivine no s&oacute;lo c&oacute;mo lograban subsistir  los cazadores, sino tambi&eacute;n si aquello era vida, despu&eacute;s de todo. El  fantasma del hambre acecha al cazador a lo largo de estas p&aacute;ginas. Se  dice que su incompetencia t&eacute;cnica le impone una labor continua que  apenas le permite sobrevivir, y que por lo tanto no le proporciona  excedentes ni le deja descansar, y mucho menos arribar al &laquo;ocio&raquo; para  &laquo;crear cultura&raquo;. Sin embargo, para todos sus esfuerzos, el cazador  emplea los niveles termodin&aacute;micos m&aacute;s bajos: menos energ&iacute;a per c&aacute;pita y  por a&ntilde;o que cualquier otro modo de producci&oacute;n. Y en los tratados sobre  desarrollo econ&oacute;mico est&aacute; condenado a desempe&ntilde;ar el papel de mal  ejemplo: la llamada &laquo;econom&iacute;a de subsistencia&raquo;. El saber tradicional es  siempre refractario. Se ve uno obligado a opon&eacute;rsele de una manera  pol&eacute;mica, a expresar las revisiones necesarias dial&eacute;cticamente. En  efecto, cuando se encara el an&aacute;lisis de la situaci&oacute;n se desemboca en la  certeza de que esa fue la sociedad opulenta primitiva. De manera  parad&oacute;jica, esta aseveraci&oacute;n conduce a otra conclusi&oacute;n &uacute;til e  inesperada. Para la opini&oacute;n general, una sociedad opulenta es aquella en  la que se satisfacen con facilidad todas las necesidades materiales de  sus componentes. Asegurar que los cazadores eran opulentos significa  negar entonces que la condici&oacute;n humana es una tragedia decretada donde  el hombre est&aacute; prisionero de la ardua labor que significa la perpetua  disparidad entre sus carencias ilimitadas y la insuficiencia de sus  medios. Es que a la opulencia se puede llegar por dos caminos  diferentes. Las necesidades pueden ser &laquo;f&aacute;cilmente satisfechas&raquo; o bien  produciendo mucho, o bien deseando poco. La concepci&oacute;n m&aacute;s difundida, al  modo de Galbraith, se basa en supuestos particularmente apropiados a la  econom&iacute;a de mercado: que las necesidades del hombre son grandes, por no  <br \/> decir infinitas, mientras que sus medios son limitados, aunque pueden  aumentar. Es as&iacute; que la brecha que se produce entre medios y fines puede  reducirse mediante la productividad industrial, al menos hasta hacer  que los &laquo;productos de primera necesidad&raquo; se vuelvan abundantes. Pero  existe tambi&eacute;n un camino Zen hacia la opulencia por parte de premisas  algo diferentes de las nuestras: que las necesidades materiales humanas  son finitas y escasas y los medios t&eacute;cnicos, inalterables pero por regla  general adecuados. Adoptando la estrategia Zen, un pueblo puede gozar  de una abundancia material incomparable&#8230; con un bajo nivel de vida.  Esta es, a mi parecer, la mejor manera de describir a los cazadores y la  que ayuda a explicar algunas de sus conductas econ&oacute;micas m&aacute;s curiosas:  por ejemplo, su &laquo;prodigalidad&raquo;, es decir, la inclinaci&oacute;n a consumir  r&aacute;pidamente todas las reservas de que disponen como si no dudaran ni un  momento de poder conseguir m&aacute;s. Libres de las obsesiones de escasez  caracter&iacute;sticas del mercado, es posible hablar mucho m&aacute;s de abundancia  respecto de las inclinaciones econ&oacute;micas de los cazadores que de las  nuestras. Destutt de Tracy, con todo lo &laquo;burgu&eacute;s doctrinario de sangre  de horchata&raquo; que haya podido ser, por lo menos obtuvo el acuerdo de Marx  respecto de su observaci&oacute;n acerca de que &laquo;en las naciones pobres las  personas se sienten c&oacute;modas&raquo;, mientras que en las naciones ricas &laquo;son  pobres en su mayor parte&raquo;. Esto no significa negar que una econom&iacute;a  anterior a la agricultura opere bajo graves compulsiones, sino solamente  insistir, bas&aacute;ndonos en la evidencia que nos proporcionan los cazadores  y recolectores modernos, que por lo general se logra una buena  adecuaci&oacute;n. Una vez reunida la evidencia volver&eacute; a las dificultades  reales de una econom&iacute;a de caza y recolecci&oacute;n, las cuales no se  encuentran correctamente detalladas en las concepciones corrientes de la  pobreza paleol&iacute;tica. ORIGEN DEL ERROR &laquo;Una mera econom&iacute;a de  subsistencia&raquo;, &laquo;tiempo libre limitado salvo en circunstancias  excepcionales&raquo;, &laquo;demanda incesante de alimentos&raquo;, recursos naturales  &laquo;magros y en los que s&oacute;lo se puede tener una confianza relativa&raquo;,  &laquo;ausencia de excedente econ&oacute;mico&raquo;, &laquo;m&aacute;ximo de energ&iacute;a por parte del  mayor n&uacute;mero de personas&raquo;: as&iacute; reza, en general, la opini&oacute;n  antropol&oacute;gica respecto de la caza y la recolecci&oacute;n.<\/p>\n<p> <span style=\"color: #666666;\">Los abor&iacute;genes australianos  constituyen un ejemplo cl&aacute;sico de pueblo cuyos recursos econ&oacute;micos  figuran entre los m&aacute;s escasos. En muchos lugares su habitat es incluso  m&aacute;s inh&oacute;spito que el de los bosquimanos, aunque puede resultar falso  respecto de la parte norte&#8230; Una tabla de los alimentos que los  abor&iacute;genes del noroeste de Queensland central obtienen en el lugar que  habitan resultar&aacute; ejemplificadora&#8230; La variedad de esta lista puede  impresionar, pero no debemos dejarnos enga&ntilde;ar pensando que la variedad  indica abundancia, ya que las cantidades disponibles de cada elemento  son tan escasas que &uacute;nicamente una dedicaci&oacute;n intens&iacute;sima hace posible  la supervivencia (Herskovits, 1958, p&aacute;gs. 68-69).<\/span><\/p>\n<p> O tambi&eacute;n, con referencia a los cazadores de Sudam&eacute;rica:<br \/> <span style=\"color: #666666;\">Los cazadores n&oacute;madas y los  recolectores, a duras penas cubren las necesidades m&iacute;nimas de  subsistencia y a menudo est&aacute;n muy por debajo del m&iacute;nimo necesario. Un  reflejo de ello es la escasa densidad de poblaci&oacute;n que arroja la cifra  de una persona por 250 o 500 kil&oacute;metros cuadrados. La constante  movilizaci&oacute;n en busca de alimentos los priv&oacute;, a todas luces, de horas de  ocio para dedicarlas a actividades no relacionadas con la subsistencia  que revistan cierta importancia, adem&aacute;s, pod&iacute;an llevar consigo una  cantidad exigua de lo que manufacturasen en los momentos de  esparcimiento. La adecuaci&oacute;n de la producci&oacute;n significaba para ellos la  supervivencia f&iacute;sica y rara vez ten&iacute;an productos o tiempo de m&aacute;s  (Steward and Faron, 1959, p&aacute;g. 60; cf. Clark, 1953, p&aacute;gs. 27 y sigs.;  Haury, 1962, p&aacute;gina 113; Hoebel, 1958, p&aacute;g. 188; Redfiel, 1953, p&aacute;g. 5;  White, 1959).<\/span><\/p>\n<p> Pero la sombr&iacute;a visi&oacute;n tradicional de la situaci&oacute;n de los cazadores es  tambi&eacute;n preantropol&oacute;gica y extraantropol&oacute;gica, es a la vez hist&oacute;rica y  referible al m&aacute;s amplio contexto econ&oacute;mico en el que opera la  antropolog&iacute;a. Se remonta a la &eacute;poca en la que escribi&oacute; y teoriz&oacute; Adam  Smith, y probablemente a una &eacute;poca en la que todav&iacute;a nadie escrib&iacute;a1. Es  posible que sea uno de los prejuicios m&aacute;s claros del Neol&iacute;tico, una  apreciaci&oacute;n ideol&oacute;gica acerca de la capacidad del cazador para explotar  los recursos de la tierra lo cual est&aacute; muy de acuerdo con el empe&ntilde;o  hist&oacute;rico de privarlo de la misma. Nosotros heredamos sin duda este  prejuicio de la descendencia de Jacob la cual &laquo;se dispers&oacute; hacia el  oeste, hac&iacute;a el este y hacia el norte&raquo;, en desmedro de Esa&uacute; que era el  primog&eacute;nito y un ingenioso cazador, pero a quien, en una famosa escena,  se priva de su primogenitura. Sin embargo, las pobres opiniones en boga  que merece la econom&iacute;a de los cazadores y de los recolectores no es  necesario atribu&iacute;rselas al etnocentrismo neol&iacute;tico. El egocentrismo  burgu&eacute;s tuvo tambi&eacute;n su parte. La actual econom&iacute;a de mercado, en todo  momento una trampa ideol&oacute;gica de la cual debe escapar la econom&iacute;a  antropol&oacute;gica, alent&oacute; id&eacute;n-<br \/> &#8230;&#8230;&#8230;..<br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">1. Al menos en la &eacute;poca en que escrib&iacute;a Lucrecio (Harris, 1968, p&aacute;ginas 26-27).<\/span><br \/> &#8230;&#8230;&#8230;..<br \/> ticas opiniones desfavorables con respecto a la vida de los cazadores.  &iquest;Acaso<br \/>\n es tan parad&oacute;jico afirmar que los cazadores ten&iacute;an econom&iacute;as  opulentas a pesar de su extrema pobreza? Las modernas sociedades  capitalistas, no obstante estar abundantemente provistas, se preocupan  por la perspectiva de la escasez. La inadecuaci&oacute;n de los recursos  econ&oacute;micos es el principio fundamental de los pueblos m&aacute;s ricos del  mundo. La aparente situaci&oacute;n material de la econom&iacute;a no parece ser un  indicador v&aacute;lido a la hora de los hechos; es necesario decir algo acerca  del modo de organizaci&oacute;n econ&oacute;mica (cf. Polanyi, 1947, 1957, 1959;  Dalton 1961). El sistema industrial y de mercado instituye la pobreza de  una manera que no tiene parang&oacute;n alguno y en un grado que hasta  nuestros d&iacute;as no se hab&iacute;a alcanzado ni aproximadamente. Donde la  producci&oacute;n y la distribuci&oacute;n se rigen por el comportamiento de los  precios, y toda la subsistencia depende de la ganancia y del gasto, la  insuficiencia de recursos naturales se convierte en el claro y  calculable punto de partida de toda la actividad econ&oacute;mica 2. El  capitalista se ve enfrentado a posibles inversiones de un capital  finito, el trabajador (es de esperar) a opciones alternativas de empleo  remunerado, y el consumidor&#8230; el consumo es una tragedia doble: lo que  comienza en la inadecuaci&oacute;n terminar&aacute; en la privaci&oacute;n. Reuniendo la  producci&oacute;n de la divisi&oacute;n internacional del trabajo, el mercado pone a  disposici&oacute;n de los consumidores un deslumbrante conjunto de productos:  todas las cosas deseables al alcance del hombre, pero nunca enteramente  al alcance de su mano. Lo que es peor, en este juego de libre elecci&oacute;n  del consumidor, cada adquisici&oacute;n es al mismo tiempo una privaci&oacute;n,  porque cada vez que se compra algo se deja de lado otra cosa, en general  poco menos deseable, e incluso m&aacute;s deseable en otros aspectos, que  podr&iacute;amos haber tenido en lugar de la otra. (El hecho es que si  compramos un autom&oacute;vil, un Plymonuth por ejemplo, no podemos tener  tambi&eacute;n un Ford, y a juzgar por las propagandas que aparecen en la  televisi&oacute;n, las privaciones que ello traer&iacute;a aparejadas no ser&iacute;an s&oacute;lo  de &iacute;ndole material3. Aquella expresi&oacute;n, &laquo;la vida a costa de grandes  sacrificios&raquo;, nos fue transferida a nosotros con car&aacute;cter de  exclusividad. La escasez es el juicio dictado por nuestra econom&iacute;a y,  por lo tanto, tambi&eacute;n el axioma que rige nuestra Econom&iacute;a: la aplicaci&oacute;n  de medios insuficientes frente a fines<br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">2. Sobre los requisitos hist&oacute;ricamente particulares de este c&aacute;lculo, v&eacute;ase Codere, 1968 (especialmente p&aacute;gs. 574-575).&nbsp;<\/span><br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">3. Para la institucionalizaci&oacute;n  complementaria de la &laquo;escasez&raquo;, en las condiciones de la producci&oacute;n  capitalista, v&eacute;ase Gorz, 1967, p&aacute;ginas 37-38.<\/span><br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">&nbsp;<\/span>&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;<br \/> alternativos para obtener la mayor satisfacci&oacute;n posible en determinadas  circunstancias. Y es precisamente desde esta ansiosa perspectiva que  volvemos la mirada hacia los cazadores Si el hombre moderno, con todas  sus ventajas tecnol&oacute;gicas, carece todav&iacute;a de recursos, &iquest;qu&eacute; posibilidad  tiene entonces este salvaje desnudo con su arco insignificante y sus  flechas? Habi&eacute;ndole atribuido al cazador impulsos burgueses y  herramientas paleol&iacute;ticas juzgamos su situaci&oacute;n desesperada por  adelantado4. Sin embargo, la escasez no es una propiedad intr&iacute;nseca de  los medios t&eacute;cnicos. Es una relaci&oacute;n entre medios y fines. Deber&iacute;amos  considerar la posibilidad emp&iacute;rica de que los cazadores trabajan para  sobrevivir, un objetivo finito, y que el arco y la flecha son adecuados a  ese fin 5. Pero a&uacute;n hay otras ideas, end&eacute;micas para la teor&iacute;a  antropol&oacute;gica y la pr&aacute;ctica etnogr&aacute;fica, que han conspirado para impedir  una comprensi&oacute;n en este sentido. La predisposici&oacute;n antropol&oacute;gica a  exagerar la ineficiencia econ&oacute;mica de los cazadores aparece tambi&eacute;n de  manera notoria bajo la forma de odiosas comparaciones con las econom&iacute;as  neol&iacute;ticas. Los cazadores, como Lowie afirma claramente, &laquo;deben trabajar  mucho m&aacute;s para subsistir que los labradores y los pastores&raquo; (1946, p&aacute;g.  13). Sobre este aspecto, la antropolog&iacute;a evolucionista en particular  encontr&oacute; que le resultaba agradable, e incluso necesario desde el punto  de vista te&oacute;rico, adoptar el tono habitual de reproche. Los etn&oacute;logos y  arque&oacute;logos se hab&iacute;an vuelto revolucionarios neol&iacute;ticos, y en su  entusiasmo por la Revoluci&oacute;n no dejaron de lado nada que pudiera  servirles para denunciar al Viejo R&eacute;gimen (de la Edad de Piedra), ni  siquiera alg&uacute;n antiguo esc&aacute;ndalo. No era la primera vez que los  fil&oacute;sofos relegaban la etapa m&aacute;s antigua de la humanidad atribuy&eacute;ndola  m&aacute;s a la naturaleza que a la cultura. (&laquo;Un hombre que pasa toda su vida  persiguiendo a los animales con el solo objeto de matarlos para  comerlos, o recolectando frutos por el bosque, vive en realidad como si  &eacute;l mismo fuera un animal&raquo; [Braidwood, 1957, p&aacute;g. 122].) As&iacute; degradados  los cazadores, la antropolog&iacute;a se sinti&oacute;<br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">4. Es digno de menci&oacute;n el hecho de que  la teor&iacute;a contempor&aacute;nea europea-marxista est&aacute; a menudo de acuerdo con  las econom&iacute;as burguesas en lo que respecta a la pobreza de los  primitivos. Cf. Boukharine, 1967; Mandel, 1962, vol. 1; y el manual de  historia econ&oacute;mica utilizado en la Universidad Lumumba, de Mosc&uacute;  (incluido en la bibliograf&iacute;a como &laquo;An&oacute;nimo, n. d.&raquo;).&nbsp;<\/span><br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">5. Elman Service fue durante mucho  tiempo casi el &uacute;nico entre los etn&oacute;logos que se opuso firmemente al  tradicional punto de vista de la penuria de los cazadores. Este cap&iacute;tulo  se inspir&oacute; en gran medida en sus puntualizaciones sobre el ocio de los  Arunta (1963, p&aacute;g. 9), as&iacute; como tambi&eacute;n en las personales conversaciones  mantenidas con &eacute;l.<\/span><br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br \/> libre para ensalzar el gran salto hacia adelante del Neol&iacute;tico: un  adelanto tecnol&oacute;gico important&iacute;simo que trajo aparejada una &laquo;posibilidad  general de ocio al dejar de lado la consecuci&oacute;n de comida como &uacute;nico  fin&raquo; (Braidwood, 1952, p&aacute;gina 5; cf. Boas, 1940, p&aacute;g. 285). En un  prestigioso ensayo sobre &laquo;La energ&iacute;a y la evoluci&oacute;n de la cultura&raquo;,  Leslie White explica que el neol&iacute;tico produjo un &laquo;gran adelanto en el  desarrollo de la cultura&#8230; como consecuencia de un gran incremento en  la cantidad de energ&iacute;a aprovechada y controlada per capita y por a&ntilde;o  como consecuencia de las artes de la agricultura y el pastoreo&raquo; (1949,  p&aacute;g. 372). White realz&oacute; a&uacute;n m&aacute;s el contraste evolutivo se&ntilde;alando al  esfuerzo humano como la fuente principal de energ&iacute;a de la cultura  paleol&iacute;tica, y oponi&eacute;ndola a los recursos de plantas y animales  domesticados de la cultura neol&iacute;tica. Esta determinaci&oacute;n de las fuentes  de energ&iacute;a hizo inmediatamente posible una baja estimaci&oacute;n del potencial  termodin&aacute;mico de los cazadores (desarrollado por el cuerpo humano:  &laquo;recursos potenciales promedio&raquo; de 1\/20 caballo de fuerza per capita  [1949, p&aacute;g. 369]) y, adem&aacute;s, al eliminar el esfuerzo humano de la  empresa cultural del neol&iacute;tico, daba la impresi&oacute;n de que las personas  hab&iacute;an sido liberadas por alg&uacute;n dispositivo ideado para ahorrar trabajo  (las plantas y los animales domesticados). Pero la problem&aacute;tica de White  est&aacute; evidentemente fundada en concepciones falsas. La principal energ&iacute;a  mec&aacute;nica de que se dispon&iacute;a, tanto en la cultura paleol&iacute;tica como en la  neol&iacute;tica, era proporcionada por los seres humanos, obtenida, en ambos  casos, a partir de recursos vegetales y animales; es as&iacute; que, salvo  excepciones que ni vale la pena considerar (el empleo ocasional directo  del potencial no humano), la cantidad de energ&iacute;a aprovechada per capita y  por a&ntilde;o es igual en las econom&iacute;as paleol&iacute;tica y neol&iacute;tica, y se  mantiene bastante constante en la historia humana hasta el advenimiento  de la revoluci&oacute;n industrial.<br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;..<br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">6.El error evidente de las leyes  evolutivas de White es el uso de las mediciones &laquo;per capita&raquo;. Las  sociedades neol&iacute;ticas, en su mayor&iacute;a, aprovechan una cantidad total de  energ&iacute;a mayor que las comunidades preagricultoras, debido al mayor  n&uacute;mero de seres humanos mantenidos por la domesticaci&oacute;n que proporcionan  su energ&iacute;a. Este aumento general del producto social, sin embargo, no  es necesariamente el resultado de un aumento de la productividad del  trabajo (que, seg&uacute;n White, tambi&eacute;n acompa&ntilde;&oacute; a la revoluci&oacute;n neol&iacute;tica).  Los datos etnol&oacute;gicos que ahora poseemos (v&eacute;ase lo que contin&uacute;a en el  texto) hacen surgir<br \/>\n la posibilidad de que los simples reg&iacute;menes de la  agricultura no sean m&aacute;s eficaces desde el punto de vista termodin&aacute;mico  que la caza y la recolecci&oacute;n; en otras palabras, me refiero a la energ&iacute;a  producida por unidad de trabajo humano. Siguiendo los mismos  lineamientos, una parte de la arqueolog&iacute;a de los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha  preferido valorar m&aacute;s la estabilidad de la vivienda que la productividad  del trabajo para explicar el progreso neol&iacute;tico (cf. Braidwood y Wiley,  1962).<\/span><br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br \/> Otra fuente espec&iacute;ficamente antropol&oacute;gica de descontento respecto del  paleol&iacute;tico proviene del campo mismo, del contexto de la observaci&oacute;n  europea de los cazadores y recolectores que a&uacute;n existen, tales como los  nativos de Australia, los Bosqu&iacute;manos, los Ona y los Yahgan. Este  contexto etnogr&aacute;fico tiende a distorsionar de dos maneras nuestra  comprensi&oacute;n de la econom&iacute;a de caza y recolecci&oacute;n. En primer lugar ofrece  oportunidades singulares a la ingenuidad. El ambiente remoto y ex&oacute;tico  que ha llegado a ser el teatro cultural de los modernos cazadores  produce en los europeos un efecto altamente desfavorable para que puedan  evaluar la condici&oacute;n de aqu&eacute;llos. Estando como est&aacute;n el desierto  australiano o el de Kalahari marginados en lo que respecta a la  agricultura y a todo lo que constituye la experiencia cotidiana de un  europeo, el observador poco informado no puede dejar de asombrarse y  preguntarse &laquo;c&oacute;mo puede alguien vivir en un lugar como &eacute;se&raquo;. La  conclusi&oacute;n de que los nativos s&oacute;lo se las ingenian para suplir las  deficiencias de una vida de carencias puede verse reforzada por sus  dietas de una variedad asombrosa (cf. Herskovits, 1958, anteriormente  citado). Por lo general, incluyen elementos considerados repulsivos e  incomibles por los europeos: la cocina local se presta a la suposici&oacute;n  de que la gente se muere de hambre. Por supuesto, resulta m&aacute;s f&aacute;cil  encontrar conclusiones de este tipo en los informes m&aacute;s tempranos, y  mucho m&aacute;s en los diarios de exploradores y misioneros que en las  monograf&iacute;as de los antrop&oacute;logos; pero precisamente por ser m&aacute;s antiguos y  estar m&aacute;s cerca de la condici&oacute;n aborigen nos merecen un cierto respeto.  No cabe duda de que ese respeto debe ser otorgado con discreci&oacute;n. Mayor  atenci&oacute;n merece un hombre como sir George Grey (1841), cuyas  expediciones de la d&eacute;cada de 1830 abarcaron algunos de los distritos m&aacute;s  pobres de Australia occidental y cuya minuciosa observaci&oacute;n de los  habitantes locales lo llev&oacute; a desmentir las informaciones de sus colegas  sobre este tema de la desesperaci&oacute;n econ&oacute;mica. Grey escribi&oacute; que se  trata de un error muy com&uacute;n el creer que los australianos nativos  &laquo;tienen escasos medios de subsistencia o que se encuentran en ocasiones  muy urgidos por la necesidad de alimento&raquo;. Muchos y &laquo;casi rid&iacute;culos&raquo; son  los errores en que han incurrido los viajeros a este respecto:  &laquo;Lamentan en sus diarios que los infortunados abor&iacute;genes se vean  reducidos por el hambre a la miserable necesidad de alimentarse de  ciertos tipos de alimentos que han encontrado cerca de sus chozas,  siendo que en muchos casos esos art&iacute;culos citados por ellos son los que  los nativos aprecian m&aacute;s y en realidad no son deficientes ni en sabor ni  en cualidades nutritivas.&raquo; Para poner en evidencia &laquo;la ignorancia que  ha prevalecido con respecto a los h&aacute;bitos y costumbres de este pueblo  que se encuentra en estado salvaje&raquo;, Grey menciona un ejemplo notable,  una cita de otro explorador, el capit&aacute;n Sturt, quien, al encontrarse con  un grupo de abor&iacute;genes ocupados en recolectar grandes cantidades de  resina de mimosa, lleg&oacute; a la conclusi&oacute;n de que esas &laquo;infortunadas  criaturas se ve&iacute;an reducidas al extremo de recolectar ese muc&iacute;lago por  carecer de otro tipo de alimento&raquo;. Sir George observa, sin embargo, que  esa resina es uno de los art&iacute;culos alimenticios preferidos en esa zona, y  que cuando llega la &eacute;poca de su recolecci&oacute;n brinda la oportunidad para  que grandes grupos se re&uacute;nan y acampen juntos, cosa que no pueden hacer  en otras oportunidades. Para finalizar dice:<\/p>\n<div style=\"color: #666666;\">En t&eacute;rminos generales los  nativos viven bien; en algunas regiones puede haber insuficiencia de  alimentos durante estaciones especiales, pero si eso sucede, esas zonas  quedan desiertas durante ese tiempo. Sin embargo, resulta imposible de  todo punto para un viajero o aun para un nativo forastero juzgar si una  regi&oacute;n proporciona o no alimentos en abundancia&#8230; Pero en su propia  regi&oacute;n un nativo se encuentra en situaci&oacute;n totalmente distinta: sabe con  exactitud lo que produce, conoce la &eacute;poca de recolecci&oacute;n de los  distintos art&iacute;culos y el modo m&aacute;s eficaz para proporcion&aacute;rselos. De  acuerdo con estas circunstancias regula sus visitas a las diferentes  regiones de su terreno de caza; y s&oacute;lo puedo decir que siempre he  encontrado la mayor abundancia en sus chozas (Grey, 1841, volumen 2,  p&aacute;gs. 259-262, la cursiva fue colocada por m&iacute;; confr&oacute;ntese Eyre, 1845,  vol. 2, p&aacute;g. 244f)7.<\/div>\n<p> Al hacer esta feliz evaluaci&oacute;n, sir George tiene especial cuidado en  excluir al lupenproletariado aborigen que vive dentro y en las cercan&iacute;as  de las ciudades europeas (cf. Eyre, 1845, vol. 2, p&aacute;gs. 250, 254-55).  La excepci&oacute;n es aleccionadora. Denuncia una segunda fuente de errores  etnogr&aacute;ficos; la antropolog&iacute;a de los cazadores es en su mayor parte un  estudio anacr&oacute;nico de ex salvajes, una indagaci&oacute;n en el cad&aacute;ver de una  sociedad, seg&uacute;n lo dijo Grey en una oportunidad, dirigida por miembros  de otra. Los recolectores de alimentos que sobreviven son, en cuanto  clase, personas desplazadas. Representan el paleol&iacute;tico privado de todos  los derechos civiles y ocupan h&aacute;bitats marginales con caracter&iacute;sticas  que no corresponden a las modalidades de la producci&oacute;n: santuarios de  una era, lugares tan alejados de la esfera de influencia de los  principales centros del progreso cultural como para que se les permita<br \/> &#8230;&#8230;&#8230;..<br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">7. Para un comentario similar referido  a una interpretaci&oacute;n equivocada por parte de un misionero de las curas  por ingesti&oacute;n de sangre en Australia oriental, v&eacute;ase Hocgkinson, 1845,  p&aacute;g. 227.<\/span><br \/> &#8230;&#8230;&#8230;..<br \/> un cierto respiro en la marcha planetaria de la evoluci&oacute;n cultural,  porque la pobreza ha sido su caracter&iacute;stica, m&aacute;s all&aacute; del inter&eacute;s y de  la competencia de las econom&iacute;as m&aacute;s avanzadas. Excepci&oacute;n hecha de los  recolectores de alimentos favorablemente situados, como es el caso de  los indios de la costa noroeste de los Estados Unidos, acerca de cuyo  bienestar (comparativamente) no se suscitan dudas, los dem&aacute;s cazadores,  expulsados de las mejores tierras, primero por la agricultura y m&aacute;s  tarde por las econom&iacute;as industriales, disfrutan de las ventajas  ecol&oacute;gicas un poco menos todav&iacute;a que los del paleol&iacute;tico inferior,  hablando en t&eacute;rminos medios 8. Por otra parte, la desorganizaci&oacute;n que se  produjo durante los dos &uacute;ltimos siglos de imperialismo europeo ha sido  especialmente grave, hasta el punto de que muchos de los datos  etnogr&aacute;ficos que constituyen el fondo com&uacute;n del que echan mano los  antrop&oacute;logos son bienes de cultura adulterados. Incluso los relatos de  exploradores y misioneros, adem&aacute;s de sus tergiversaciones etnoc&eacute;ntricas,  pueden reflejar la existencia de econom&iacute;as castigadas (cf. Service,  1962). Los cazadores del Este del Canad&aacute;, acerca de los cuales  encontramos informaci&oacute;n en las Jesuit Relations, fueron obligados a  dedicarse al comercio de las pieles a comienzos del siglo xvII. El medio  natural de otros fue alterado selectivamente por los europeos antes de  que pudiera hacerse un informe confiable de la producci&oacute;n ind&iacute;gena: los  Esquimales que nosotros conocemos ya no cazan ballenas, los Bosquimanos  han sido privados de la caza, los bosques de pinos de los Shoshoni han  sido talados y sus campos de caza invadidos por el ganado9. Si estos  pueblos se describen ahora en una situaci&oacute;n de pobreza agobiante, con  recursos &laquo;escasos e inseguros&raquo;, &iquest;debe ello considerarse un indicador de  su condici&oacute;n aborigen o de la compulsi&oacute;n colonial? Las enormes  implicaciones (y problemas) que se suscitan para la interpretaci&oacute;n  evolutiva a causa de esta retirada global s&oacute;lo recientemente han  empezado a despertar inter&eacute;s (Lee y Devore, 1968). Lo que ahora tiene  importancia es<br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;. <br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">8. Tal como se&ntilde;ala Cari Sauer, no  deben juzgarse las condiciones de los primitivos pueblos cazadores  &laquo;bas&aacute;ndose en los que han sobrevivido hasta nuestros d&iacute;as y que est&aacute;n  ahora restringidos a las regiones menos propicias de la tierra, tales  como el interior de Australia, la Gran Cuenca Americana o la tundra y la  taiga &aacute;rticas. Las zonas que ellos ocupaban produc&iacute;an alimentaci&oacute;n  abundante&raquo; (citado en Clark y Haswell, 1964, p&aacute;g.<br \/>\n 23).&nbsp;<\/span><br \/> <span style=\"font-size: x-small;\">9. Detr&aacute;s de las rejas de la  aculturaci&oacute;n uno puede imaginarse vagamente lo que deben haber sido la  caza y la recolecci&oacute;n en un apropiado medio por el relato que Alexander  Henry hace de su magn&iacute;fica permanencia como un Chippewa en el norte de  Michigan: v&eacute;ase Qimby, 1962.<\/span><br \/> &#8230;&#8230;&#8230;&#8230;.<br \/> esto: la situaci&oacute;n actual de los cazadores plantea, m&aacute;s que un examen  justo de su capacidad productiva, una especie de prueba suprema. Los  siguientes informes de su desempe&ntilde;o son, entonces, de caracter&iacute;sticas  extraordinarias.<br \/> .<\/p>\n<p><span> <\/span><\/p>\n<p><span> <\/span><\/p>\n<p><span> <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><span> <\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p><strong>MARSHALL SAHLINS<\/strong><br \/>\n4_346 &#8211; ACERCANDO EL INIFINITO &#8211;  &#8211;  p\u00e1ginas \/orri.<\/p>\n","protected":false},"featured_media":0,"template":"","meta":[],"product_brand":[],"product_cat":[166,173],"product_tag":[5249,5248,6042],"class_list":{"0":"post-10242","1":"product","2":"type-product","3":"status-publish","5":"product_cat-panfletos-panfletoak","6":"product_cat-saiakera-ensayo","7":"product_tag-acercando-el-inifinito","8":"product_tag-marshall-sahlins","9":"product_tag-piedra-papel-libros","11":"first","12":"instock","13":"sold-individually","14":"shipping-taxable","15":"purchasable","16":"product-type-simple"},"yoast_head":"<!-- This site is optimized with the Yoast SEO plugin v27.3 - https:\/\/yoast.com\/product\/yoast-seo-wordpress\/ -->\n<title>LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA &#8212; Zapateneo<\/title>\n<meta name=\"robots\" content=\"index, follow, max-snippet:-1, max-image-preview:large, max-video-preview:-1\" \/>\n<link rel=\"canonical\" href=\"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/\" \/>\n<meta property=\"og:locale\" content=\"es_ES\" \/>\n<meta property=\"og:type\" content=\"article\" \/>\n<meta property=\"og:title\" content=\"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA &#8212; Zapateneo\" \/>\n<meta property=\"og:description\" content=\"MARSHALL SAHLINS 4_346 - ACERCANDO EL INIFINITO - - p\u00e1ginas \/orri.\" \/>\n<meta property=\"og:url\" content=\"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/\" \/>\n<meta property=\"og:site_name\" content=\"Zapateneo\" \/>\n<meta property=\"article:modified_time\" content=\"2023-04-11T18:21:27+00:00\" \/>\n<meta name=\"twitter:card\" content=\"summary_large_image\" \/>\n<meta name=\"twitter:site\" content=\"@zapateneo\" \/>\n<meta name=\"twitter:label1\" content=\"Tiempo de lectura\" \/>\n\t<meta name=\"twitter:data1\" content=\"24 minutos\" \/>\n<script type=\"application\/ld+json\" class=\"yoast-schema-graph\">{\"@context\":\"https:\\\/\\\/schema.org\",\"@graph\":[{\"@type\":\"WebPage\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/index.php\\\/producto\\\/la-sociedad-opulenta-primitiva\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/index.php\\\/producto\\\/la-sociedad-opulenta-primitiva\\\/\",\"name\":\"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA &#8212; Zapateneo\",\"isPartOf\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/#website\"},\"datePublished\":\"2021-11-20T16:32:33+00:00\",\"dateModified\":\"2023-04-11T18:21:27+00:00\",\"breadcrumb\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/index.php\\\/producto\\\/la-sociedad-opulenta-primitiva\\\/#breadcrumb\"},\"inLanguage\":\"es\",\"potentialAction\":[{\"@type\":\"ReadAction\",\"target\":[\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/index.php\\\/producto\\\/la-sociedad-opulenta-primitiva\\\/\"]}]},{\"@type\":\"BreadcrumbList\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/index.php\\\/producto\\\/la-sociedad-opulenta-primitiva\\\/#breadcrumb\",\"itemListElement\":[{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":1,\"name\":\"Portada\",\"item\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":2,\"name\":\"Tienda\",\"item\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/\"},{\"@type\":\"ListItem\",\"position\":3,\"name\":\"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA\"}]},{\"@type\":\"WebSite\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/#website\",\"url\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/\",\"name\":\"Zapateneo\",\"description\":\"Zapateneoaren webgunea\",\"publisher\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/#organization\"},\"potentialAction\":[{\"@type\":\"SearchAction\",\"target\":{\"@type\":\"EntryPoint\",\"urlTemplate\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/?s={search_term_string}\"},\"query-input\":{\"@type\":\"PropertyValueSpecification\",\"valueRequired\":true,\"valueName\":\"search_term_string\"}}],\"inLanguage\":\"es\"},{\"@type\":\"Organization\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/#organization\",\"name\":\"Zapateneo Kultur Elkartea\",\"url\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/\",\"logo\":{\"@type\":\"ImageObject\",\"inLanguage\":\"es\",\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\",\"url\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2021\\\/04\\\/zap-libu-kolec.jpg\",\"contentUrl\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/wp-content\\\/uploads\\\/2021\\\/04\\\/zap-libu-kolec.jpg\",\"width\":2234,\"height\":398,\"caption\":\"Zapateneo Kultur Elkartea\"},\"image\":{\"@id\":\"https:\\\/\\\/zapateneo.net\\\/wordpress\\\/#\\\/schema\\\/logo\\\/image\\\/\"},\"sameAs\":[\"https:\\\/\\\/x.com\\\/zapateneo\"]}]}<\/script>\n<!-- \/ Yoast SEO plugin. -->","yoast_head_json":{"title":"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA &#8212; Zapateneo","robots":{"index":"index","follow":"follow","max-snippet":"max-snippet:-1","max-image-preview":"max-image-preview:large","max-video-preview":"max-video-preview:-1"},"canonical":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/","og_locale":"es_ES","og_type":"article","og_title":"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA &#8212; Zapateneo","og_description":"MARSHALL SAHLINS 4_346 - ACERCANDO EL INIFINITO - - p\u00e1ginas \/orri.","og_url":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/","og_site_name":"Zapateneo","article_modified_time":"2023-04-11T18:21:27+00:00","twitter_card":"summary_large_image","twitter_site":"@zapateneo","twitter_misc":{"Tiempo de lectura":"24 minutos"},"schema":{"@context":"https:\/\/schema.org","@graph":[{"@type":"WebPage","@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/","url":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/","name":"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA &#8212; Zapateneo","isPartOf":{"@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/#website"},"datePublished":"2021-11-20T16:32:33+00:00","dateModified":"2023-04-11T18:21:27+00:00","breadcrumb":{"@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/#breadcrumb"},"inLanguage":"es","potentialAction":[{"@type":"ReadAction","target":["https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/"]}]},{"@type":"BreadcrumbList","@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/producto\/la-sociedad-opulenta-primitiva\/#breadcrumb","itemListElement":[{"@type":"ListItem","position":1,"name":"Portada","item":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/"},{"@type":"ListItem","position":2,"name":"Tienda","item":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/"},{"@type":"ListItem","position":3,"name":"LA SOCIEDAD OPULENTA PRIMITIVA"}]},{"@type":"WebSite","@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/#website","url":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/","name":"Zapateneo","description":"Zapateneoaren webgunea","publisher":{"@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/#organization"},"potentialAction":[{"@type":"SearchAction","target":{"@type":"EntryPoint","urlTemplate":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/?s={search_term_string}"},"query-input":{"@type":"PropertyValueSpecification","valueRequired":true,"valueName":"search_term_string"}}],"inLanguage":"es"},{"@type":"Organization","@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/#organization","name":"Zapateneo Kultur Elkartea","url":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/","logo":{"@type":"ImageObject","inLanguage":"es","@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/#\/schema\/logo\/image\/","url":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/zap-libu-kolec.jpg","contentUrl":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/wp-content\/uploads\/2021\/04\/zap-libu-kolec.jpg","width":2234,"height":398,"caption":"Zapateneo Kultur Elkartea"},"image":{"@id":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/#\/schema\/logo\/image\/"},"sameAs":["https:\/\/x.com\/zapateneo"]}]}},"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/product\/10242","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/product"}],"about":[{"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/types\/product"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=10242"}],"wp:term":[{"taxonomy":"product_brand","embeddable":true,"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/product_brand?post=10242"},{"taxonomy":"product_cat","embeddable":true,"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/product_cat?post=10242"},{"taxonomy":"product_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/zapateneo.net\/wordpress\/index.php\/wp-json\/wp\/v2\/product_tag?post=10242"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}